Siendo 4 de julio de 2011 se celebran 20 años de la Constitución de 1991, Instrumento que se erige como piedra angular del sistema jurídico Colombiano, norma de normas, tal y como lo preceptúa el artículo 4 de la misma, la cual sin duda alguna ha sido catalogada como una de las más extensas y mejor concebidas a nivel mundial, de ahí que nativos y extranjeros dediquen gran parte de su tiempo al estudio de la flamante Constitución, la cual en sus 380 artículos refleja las necesidades y derechos de un país plural, es por ello que goza de sabiduría en su concepción, pues no es de desconocer, que la Asamblea Nacional Constituyente de aquel entonces, esa que nació en las aulas universitarias con la implementación de una séptima papeleta, se concibió con diversidad de creencias y costumbres nacionales, ante la necesidad de enfrentar reformas sociales, económicas, jurídicas, políticas, de lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.
Este instrumento pretendió llenar los vacíos de una sociedad que en aquel entonces estaba sumergida en el caos; momentos en los cuales se le cegó la vida a grandes dirigentes políticos, y todos los colombianos de manera directa o indirecta sufrimos la confrontación de una guerra que bañó en sangre a toda una patria impregnada de narcotráfico, pues hasta los señores de la coca tuvieron a sus representantes y lobbystas en la Constituyente.
Pese a que la Constitución se erigió como una hermosa dama, integra, pura y cuasi perfecta en su espíritu, 20 años después de su promulgación, la mayoría de derechos allí consagrados se encuentran ávidos de ser materializados; mientras que otros han sido reformados, unas veces para bien, otras veces para mal, pues no han faltado factores externos que han pretendido levantarle la falda a la hermosa dama Constitucional para profanar su esencia.
Tal y como muchos de los colombianos, me encuentro ansioso por hacerle el amor de manera integra a una bella dama que en su espíritu se encuentra virgen aun, puesto que principios y derechos FUNDAMENTALES como la vida, la igualdad, la libertad, el trabajo, la resocialización del individuo, entre muchos otros, sobre los cuales me es imposible explayarme, son vulnerados cotidianamente con casos como, el elevado número de muertes violentas, la desigualdad social, el secuestro, el desempleo y las condiciones infrahumanas de personas que purgan sus penas en centros carcelarios.
Ahora bien, otros consideran a la Carta Magna de los Colombianos como una cartilla quimérica o fantasiosa, al suponer inviable su contenido atendiendo factores sociales y económicos, lo cierto es que, quimérica o subrealista, en los momentos en los cuales ésta se ha puesto en funcionamiento con convicción patriótica, mediante sus diferentes acciones de defensa judicial en consonancia con el respaldado de la Corte de Cortes, esto es la H. Constitucional, se han contemplado luces de algo que posiblemente no es tan quimérico, derrocando escenarios nocivos tales como, el paramilitarismo en el congreso, los monopolios estatales en todos sus niveles, la reelección presidencial por un tercer mandato, entre otras situaciones que pudieron hacer más gravosa la realidad colombiana; Claro está, han sido casos presentados de manera aislada, pero que dan pie a pensar sobre la viabilidad a plenitud de la Carta Magna, por lo menos en su espíritu, el cual no es otro que la concepción de una Sociedad Civil en términos de Gramsci o a un Estado como el Leviathan de Tomas Hobbes.Señores, sea cual sea la situación de esta doncella, manoseada, maltratada, sobornada, aún sigue virgen en muchas de sus partes y presta para que no sólo yo, sino todos los colombianos la podamos cortejar, en un acto patriótico en el cual logremos el tan orgásmico Estado de bienestar.


